
Contra la dictadura de los mercados. Foto de Tono Cano/SecretOlivo
Juan José Téllez
El poder político, económico y mediático no pudo vaticinar la que se le venía encima. Ni tampoco acertó a explicarse a ciencia cierta cómo aquella masiva catarsis española fue progresivamente difuminándose, diluyéndose en un estereotipo de lo que apenas resta, un año después, la letra más o menos ocurrente de unas sevillanas.
A un año del 15-M, quienes no conocen sus procesos internos se preguntan si este movimiento sigue existiendo o ha sido domesticado hasta el punto de que acepte finalmente someterse al horario estricto y la severa disciplina que ahora le impone la Delegación del Gobierno de Madrid para ocupar la Puerta del Sol. Haberlo, haylo: el 15M no sólo fue una reedición pedestre de la movida madrileña ni consiste apenas en una acampada masiva, sino en un esforzado trabajo por barrios, en numerosas ciudades que no sólo se llaman Madrid. Sus análisis, su insubordinación, su discurso alienta a su núcleo duro y a otras líneas de trabajo que han surgido de su seno como un spin-off y que han alcanzado desde la intocable y hermética profesión periodística a un cónclave virtual y plural que se ha erigido en constituyente, apostando por una nueva Constitución, más realista que pragmática, más utópica que sumisa. Continuar leyendo