MA Blanco (@Caos_Blanco)
Estamos terminando lo que queda del cadáver que nos encontramos por la mañana en un callejón cuando, producto del inesperado banquete, mis compañeros de acera y yo comenzamos a rememorar aquellos tiempos pasados en los que parecía que íbamos a ser la puta hostia. Vamos sorbiendo los restos de tuétano y uno dice que cómo no habíamos visto claro el ocaso de los listos, si habíamos tenido las pruebas delante de nuestros ojos todo el tiempo.
Sumergidos ya tantos años entre los restos del desastre, nos parece evidente que dejar que cuatro paletos con palillo entre los dientes y restos de puro en los labios decidieran el futuro de la sociedad quizá no había sido la más inteligente de las elecciones. Pero claro, el brillo de los billetes que con tanto esfuerzo habían ido robando a lo largo de sus carreras nos deslumbró tanto, incluso cuando fueran incapaces de unir tres frases seguidas carentes de errores similares a los de alumnos de la ESO, que los tomamos por eminencias en lo suyo. El fallo gordo, en todo caso, consistió en pensar que “lo suyo” y “lo de todos” tenía algo que ver.
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