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De Gárgoris y Granada

José Luis Serrano

Abdalá, el último rey zirí, hace en sus memorias dos observaciones muy curiosas sobre los granadinos de la época que me parece que, de alguna forma, siguen siendo acertadas. La primera es que las gentes de Elvira no se llevaban bien entre sí.

Cuenta Abdalá que cuando llegó aquí su tío-bisabuelo Zawi, el clima social de la ciudad era tan malo que cada uno se construía su propio baño y su propia mezquita con tal de no ver al vecino. La segunda observación del rey parece contradictoria con la primera, porque dice que los elvirenses en particular y los andaluces en general eran unos negados para la milicia. Parece que la disputa permanente exigiría un talante belicoso, pero cualquiera que conozca esta ciudad —y aquel rey la conocía bien— sabe que nuestras guerras no son de campo abierto, con generales y edecanes, sino de mesa camilla, sacristía y navajazo.

Pero hay algo en las memorias de Abdalá más curioso que esto: lo que no dice. Continuar leyendo


Un estudio revela la convivencia de científicos y bandidos en Al Andalus

La estepa de Écija, territorio que ocupan actualmente los pueblos de la Campiña y Sierra Sur de Sevilla y la vega occidental cordobesa, fue durante siglos uno de los espacios más peligrosos de Al Andalus al tiempo que uno de los más productivos cultural y científicamente. Bandidos y ulemas (sabios) compartieron un territorio clave por controlar las rutas que unían las principales capitales andalusíes: Sevilla, Córdoba y Granada. Su historia, sin embargo, no ha sido ni tan ampliamente estudiada como la de las ciudades citadas y mucho menos divulgada.

El profesor José Ramírez del Río, titular del Departamento de Traducción e Interpretación, Lenguas Romances, Estudios Semíticos y Documentación de la Universidad de Córdoba, ha profundizado en ella y ha podido descubrir nuevos detalles sobre la realidad social de esa parte de Al Andalus en la que cultura, la ciencia y “mala vida” convivieron durante tanto tiempo.  Continuar leyendo


Granada 1013

Graffiti del Niño de las Pinturas en Granada. Foto de Tono Cano/SecretOlivo

José Luis Serrano

La guerra había comenzado cuatro años antes y aún duraría ocho más. Todas las ciudades del Ándalus buscaban protección. Desde la era de Tartessos, fuimos un pueblo de ciudades y estatuas, nunca de guerreros.

Sólo Zaragoza y Sevilla supieron organizar sus propios ejércitos andalusíes. Las demás buscaron mercenarios: Almería llamó a los vascos de Jairan, Málaga, Jaén y Elvira a los bereberes de Zawi. A la altura de abril, las tropas moras aparecieron por el camino de Córdoba. Acamparon en la vega frente a la medina de Elvira y enseguida comenzaron a negociar con los notables su entrada en la ciudad. Se harían cargo de la defensa, pero querían a cambio tierras y honores.

Cuesta poco imaginar a Zawi como un hombre de aspecto cruel, con una cara inexpresiva si no triste. Había renunciado dos veces al virreinato en África. Había destruido Medina Azahara y encendido la mecha de la guerra civil que acabó con Al Ándalus. Había entregado 177 fortalezas al comes de Castilia. Tenía 53 años, no era de aquí, era un bereber de las montañas, soñaba con volver.  Continuar leyendo


Biografía de Blas Infante (4)

"Jornaleros del mar" en Isla Cristina. Foto de pedrobea

Manuel Ruiz Romero

Cuando el movimiento y la actividad de Blas Infante se encuentran en uno de sus momentos más activos, el golpe militar y posterior dictadura del general Primo de Rivera en 1923 prohíbe y clausura los Centros Andaluces. Infante cambia su destino notarial desde Cantillana a la onubense Isla Cristina. Limitada la vida pública por un obligado silencio, su encuentro con el municipio pesquero y sus “jornaleros del mar” representará un mayor tiempo dedicado a la familia (nacen sus dos primeros hijos), las labores profesionales, la lectura y escritura, la reflexión permanente y los viajes. A tenor de los datos y por la idiosincrasia de su inquieta personalidad, durante estos años toma contacto con el esperanto y la masonería, e incluso, se aventura por divertimento en alguna experiencia literaria teatral. Sin embargo, su valiosa inquietud vital sigue activa y, aun desde la sombra, mantendrá viva la comunicación y el espíritu de un movimiento que llegará a brotar cuando los tiempos vuelvan a ser propicios en 1931.  Continuar leyendo


El destierro de Al Mutamid y el viaje de Blas Infante (4)

Marrakech. Foto de marcp_dmoz

Juan José Téllez

El havy de Blas Infante

Así refiere Iniesta un episodio de aquella peregrinación a Marrakech, un viaje que algunos autores han llegado a comparar con el havy, la peregrinación a la Meca que todo musulmán debe llevar a efecto una vez en la vida. Claro que esta teoría se desploma cuando resulta del todo punto imposible sustituir la piedra negra por la ciudad roja. “El viaje lo transfigura en peregrinación. Supera el interés cultural sin olvidarlo. Deja toda frivolidad turística. Va con todo el respeto a rendir su homenaje al Rey cumpliendo el ritual dispuesto en el Islam”, escribe sin embargo Iniesta, a la sazón sacerdote católico.

La guerra en el norte implicaba el enfrentamiento del ejército español a las tropas de Abdelkrin y de Raisuni, pocos años antes del desastre de Anual. De ahí que Blas Infante, en su pesquisa de Al Mutamid, siguiera sus pasos a través del mar, desde Lisboa a Casablanca.  Continuar leyendo