Opinión y Pensamiento

¡Es Andalucía, estúpidos!

autonomía Andalucía

¡Es Andalucía, estúpidos! (Y no Cataluña)

El fracaso histórico del Molt Honorable catalán vuelve a replantear el encaje de los territorios hispanos, vuelve a resurgir con fuerza la cantinela del fracaso del Estado de las Autonomías, auspiciado por la derecha ciertamente, pero más auspiciado por el auténtico desbarate que ha supuesto la gestión de las mismas en su insensata carrera por construir diminutos y miméticos Estados menores a semejanza del Estado mayor, España, palabra casi innombrable en la izquierda y pronunciada en voz baja por la derecha acomplejada… Y vuelve a olvidarse la historia y surge de nuevo con fuerza la cantinela de reconstruir España a base de Cataluña, Vasconia y el resto, salvando Galicia por aquello de. Y vuelve a escucharse que aquello del “café para todos” que generalizó las Autonomías se hizo para diluir o aguar las identidades diferenciadas de Cataluña y País Vasco… Una mentira que se repite mil veces…

Es absolutamente mentira, el conflicto en España lo presenta Andalucía.

En 1939, antes de acabar la Guerra Civil, disponían de Estatuto de Autonomía Cataluña,  País Vasco y Galicia. Andalucía tenía preparada la iniciativa para septiembre de 1936, siendo abortado por el inicio de la sublevación.

En la Constitución de 1978 se hablaba de dos tipos de comunidades autónomas que tenían techos competenciales diferentes o, más bien, distinto tempo en el camino para tener las máximas competencias: las nacionalidades históricas y las demás que se pudieran constituir, considerándose como históricas pero sin enumerarlas, las que hubieran disfrutado de un Estatuto con anterioridad. Los artículos 147 y 151 de la Constitución.

Pronto surgió una importante pega con Andalucía. Un pequeño partido político (Alianza Socialista de Andalucía, luego Partido Socialista de Andalucía) consiguió extender con gran fortuna el recuerdo de las luchas autonomistas anteriores y la necesidad de una Autonomía política para Andalucía. La convocatoria de una manifestación en todo el territorio con un seguimiento tan masivo que sorprendió no sólo a los convocantes, sino a toda España, fue lo que hizo replantearse el diseño autonómico.

Tras una trabajosa convocatoria previa, había que aprobar por referéndum el deseo de disponer de una Autonomía por la vía rápida (ley de referendums aprobada con apoyo del PSOE). El 28 de febrero fue lo que hizo volar por los aires el resultado de un referéndum que ganó en todas las provincias salvo en Almería (referéndum que exigía ganar en cada una de las provincias por más del 50% del censo electoral, no de los votantes). Fue lo que hizo que hubiera que hacer mangas de capirotes para aceptar legalmente la arrolladora victoria autonomisma. No más que nadie, pero nunca menos.

Fue el imposible triunfo de la Autonomía andaluza la que quebró a la entonces derecha democrática de UCD y la que planteó un reto difícil de resolver… Tras Andalucía venía Valencia, Canarias…  Pero ninguna tuvo que realizar dos referéndums como Andalucía, que se ganó a pulso su Estatuto a pie de igualdad con las Autonomías llamadas históricas.

Otra cosa es lo que a continuación se (de)generó: la equiparación competencial a bulto y sin sentido de la medida, así como el descubrimiento de nuevas posibilidades de puestos políticos, nuevos clientes a los que satisfacer, generalización de la corrupción…

Fue la decisión de los ciudadanos de Andalucía la que puso frente al espejo a la ilusoria ensoñación de una España troceada en cuatro partes. Fue Andalucía y sigue siendo, a pesar de la lamentable gobernación de los últimos 15 años, la que genera un sentimiento de incomodidad absoluta en el resto de la España periférica incómoda.

Y nuevamente vuelven a tratar de ignorarnos a los andaluces. Hay que levantar la voz y recordar que sólo hay cuatro comunidades autónomas que optaron por la vía rápida del art. 151: Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía. A las tres primeras se les facilitó el camino. A Andalucía se le pusieron zancadillas impensables. Pero ahí estamos.

Hay que recordar que en el País Vasco y Cataluña hay ciudadanos que tratan de escaparse, pero el problema para encontrar un nuevo consenso no está ahí. Está en Andalucía, aunque la dirijan unos impresentables como los que tenemos hace algunos años…

¡Es Andalucía, estúpidos!

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