Antonio Manuel
Primera Parte: La pérdida.
2. Mi nombre
no importa. Cualquiera de las combinaciones posibles, aún la más extravagante, no habría camuflado lo más mínimo mi mediocridad. Cierto que alcancé a tener todo lo que un mediocre aspiraría reunir a lo largo de su vida. Dinero. Poder. Sexo. Todo menos sentirme vivo y amado con cierta estabilidad. Aunque fuera intermitentemente. Yo sólo me he sentido vivo y amado tres veces. Sólo tres veces. En bucles de veinte y tantos años cada una. La primera vez fue imaginación mía. La otra, la verdad más imposible e injusta. Y la tercera, una pesadilla.
Fumo. Mucho. Muchísimo. Quizá tenga cáncer. Lo presiento. Pero me trato igual que a las bombillas que amenazan fundirse. Las dejo apagarse en paz. Agonizando. Digamos que no reúno los arrestos suficientes para quitarme de en medio y, de paso, quitarme de encima esta nostalgia sin nombre que me ha oxidado por dentro y envilecido por fuera. Me comporto como un autista. Los autistas no se matan: se dejan morir.
Guardo en un cuarto la colección completa de zapatos que he calzado desde los 15 años. Menos uno. Del pie izquierdo. Ortopédicos. Como si tenerlos me llevase a recordar los pasos que he andado.
Olvidé nadar. Continuar leyendo








